Literatura y violencia
Conferencia pronunciada en la universidad de La Sorbonne el 28 de octobre 2006

Me gustaría, para comenzar, distinguir dos tipos de violencia. La violencia que se ejerce contra la integridad física de las personas y la violencia que se ejerce contra su capacidad de expresión. La diferencia entre ambos tipos de violencia reside entonces en su objeto : la primera daña el cuerpo, la segunda el lenguaje. La primera se ejerce por el crimen y la tortura, la segunda por medio de la censura. En el período histórico que me interesa y que constituye el marco de mi novela Contretemps, es decir la dictadura militar, en particular la chilena, estos dos tipos de violencia tienden a confundirse, la represión militar fue a la vez física y verbal, el crimen y la censura se ejercieron con igual violencia. Es más, eliminando o maltratando los cuerpos se pretendía castigar o imposibilitar la expresión. El objectivo perseguido por el terror político es crear esta indiferenciación entre cuerpo y lenguaje, que una palabra pueda costar la vida deja de ser una metáfora para transformarse en una realidad que perdura largo tiempo, una realidad psíquica que no se termina el día en que el dictador se va. Conozco alemanes que hoy en día, es decir mas de sesenta años después de los hechos pronuncian ciertas palabras como “Juden” o “Fuhrer” con temor, como si por el solo hecho de pronunciarlas pudiera desatar una catástrofe. El Chile ocurrió y sigue ocurriendo algo similar, pues estamos a sólo 30 años de los hechos, digo “sólo” para subrayar la increíble lentitud con la que una sociedad se deshace de estos traumas en los cuales expresión verbal y violencia fisica se confunden. A mi juicio esta confusión surge cuando la instancia que normalmente deberia servir de puente y de distinción : llamemos esta instancia “metáfora” desaparece. No hay metáfora, una palabra puede realmente costar la vida. Entre vida y palabra ya no hay mediación posible, se pasa del uno al otro, como si ambas cosas, lo real y lo simbólico pertenecieran al mismo registro. Si pensamos que Chile es hoy en día uno de las países en que se consume mas calmantes en el mundo nos damos cuenta que esta capacidad de metaforisación está muy lejos de ser recuperada. El calmante, como la represión es una respuesta física ( química ) a un problema psíquico como si entre ambos no existiera distinción.
Otro síntoma de lo que digo es precisamente esta novela, Contretemps, quiero decir el hecho de que esté escrita en francés y no en español, como hubiera sido lógico. Yo dejé mi país a los 17 años y hasta ese entonces no hablaba francés, mi lengua materna es por lo tanto el español y sin embargo cuando surgió en mí la necesidad de escribir, no dudé en hacerlo en francés. ¿Por qué? Hay aquí dos respuestas: una personal, que es menos interesante, y otra social que me interesa más. Si para mí el escribir en francés constituye una elección personal, a nivel de la sociedad chilena esta elección constituye un síntoma. Síntoma de que aún hay algo que no se puede formular, un eslabón que falta en la cadena de la metaforisación, una forma particular de afasia o de auto-censura que aún hoy, después de 16 años de democracia, sigue jugulando la expresión. El francés es en este caso un modo radical de escapar a la auto-censura, una forma de liberación. Que el cambio de idioma juegue este rol en la sociedad chilena no es nuevo, el primer informe sobre los crímenes y torturas cometidos bajo la dictadura de Pinochet fue redactado en inglés. Muchos chilenos supieron por la primera vez lo que estaba sucediendo en su propria tierra gracias a un informe escrito en inglés. Como si la verdad tuviera que disfrazarse con otros sonidos para poder pasar sin peligro la frontera. Frontera que desde hace ya muchos años no está vigilada por un militar con casco y metralleta. Mi pregunta entonces, en tanto que escritor contemporáneo, es : ¿quién es el que vigila ahora esa frontera ?
La respuesta está aquí, en el libro, no en una página en particular ni en un párrafo preciso, el libro en su totalidad constituye una tentativa de respuesta. Los libros siempre están escritos contra algo, escribir es vencer aquello que impide que el libro sea escrito, es por eso que se trata de una actividad tan inconfortable, de una verdadera lucha, cuya victoria no esta en ningún caso garantizada por el hecho de haber puesto la palabra fin.
En mi caso, para poder plantear la pregunta : ¿ que impide que esta historia, la historia del exilio chileno en Europa, sea escrita ? era preciso separar aquello que la represión confunde. Veamos esto con más detalle.
Contretemps pone en relación dos personajes, dos mundos, dos generaciones que al parecer no tienen mucho que ver. Por un lado, está el narrador, que tenía 9 años al momento del golpe de estado y no es, por lo tanto, víctima de la represión militar; y por el otro está Laura, la esposa de un dirigente de izquierda que participa en un foco guerrillero en el sur de Chile y que es perseguido por la DINA. Por ese mismo hecho, la experiencia del exilio de ambos personajes es muy diferente, el narrador viene a Francia para olvidar Chile y su clima asfixiante que según él le ha robado “parte de su juventud”. Laura que no eligió venir y que no se siente a gusto en Francia vive totalmente replegada en sus recuerdos, en ese Chile imaginario que ciertos exiliados recrearon para poder seguir viviendo. Exilio voluntario por un lado, por el otro exilio forzado, deseo de olvidar el pasado por un lado, necesidad de recordarlo para poder seguir existiendo por el otro. La asimetría, la oposición, el contratiempo -en el sentido musical del término- es perfecto.
Pero para mí, lo más importante de esta diferencia no reside ahí, sino en la relación que ambos tienen con la violencia. Como lo decía al comenzar, hay dos tipos de violencia que la represión confunde en un mismo trauma general. La única forma de escapar a la censura que sigue existiendo aún 17 años más tarde es separar estas dos formas de violencia. Estos personajes me lo permiten pues no son victimas del mismo tipo de violencia.
Laura, su marido y de un modo más amplio su generación, se implicaron activamente en la acción política y fueron por eso arrestados y torturados, y si huyeron del país fue porque su integridad física estaba amenazada. La violencia que ellos conocen es antes que nada física. Es diferente para el narrador, ya que la violencia física le es desconocida y la acción política también. La represión política no le concierne y sin embargo sufre, no se siente bien, y su malestar es tal, que decide salir de su país. Pero el mal que lo aqueja es extraño, por lo menos, difícil de definir, y cuando trata de explicarlo a Laura, utiliza imágenes, metáforas, como si lo que lo afectara no tuviera nombre. “En la casa, le cuenta a Laura, mi padre hablaba de crímenes, de torturas, de desapariciones, pero para mí el problema no era ése...” “¿Pero, cuál era tu problema?”, se impacienta Laura. "¡Mi problema era el silencio!” El silencio. Una vez pronunciada, la palabra parece explicarlo todo. El silencio. Esa paz extraordinaria que caracteriza a los regímenes dictatoriales. De manera errónea y sin duda influenciados por los medios, muchos creen que las dictaduras generan un clima de tensión y de violencia permanentes, en circunstancias que lo que se produce es lo contrario: toda oposición es anulada, la violencia está perfectamente camuflada, la vida civil reducida a su más mínima expresión, el ciudadano no percibe más que tranquilidad, orden y silencio. Ese silencio que, según nos dice el narrador, “se parece al sosiego que anuncia la tempestad, una tempestad que nunca se desata, que permanece suspendida sobre nuestras cabezas como una amenaza sin fin”. Amenaza que es aún peor que el castigo efectivo. Es lo que el padre no puede comprender, que el silencio sea peor aún que los crímenes. Absurdo. Toda la novela está construída a partir de esta absurdidad.
A partir de un mismo hecho, el golpe de estado y la represión militar, tenemos entonces dos enfoques, dos reacciones y un conflicto de interpretaciones que es además un conflicto generacional.

Me gustaría, para comenzar, distinguir dos tipos de violencia. La violencia que se ejerce contra la integridad física de las personas y la violencia que se ejerce contra su capacidad de expresión. La diferencia entre ambos tipos de violencia reside entonces en su objeto : la primera daña el cuerpo, la segunda el lenguaje. La primera se ejerce por el crimen y la tortura, la segunda por medio de la censura. En el período histórico que me interesa y que constituye el marco de mi novela Contretemps, es decir la dictadura militar, en particular la chilena, estos dos tipos de violencia tienden a confundirse, la represión militar fue a la vez física y verbal, el crimen y la censura se ejercieron con igual violencia. Es más, eliminando o maltratando los cuerpos se pretendía castigar o imposibilitar la expresión. El objectivo perseguido por el terror político es crear esta indiferenciación entre cuerpo y lenguaje, que una palabra pueda costar la vida deja de ser una metáfora para transformarse en una realidad que perdura largo tiempo, una realidad psíquica que no se termina el día en que el dictador se va. Conozco alemanes que hoy en día, es decir mas de sesenta años después de los hechos pronuncian ciertas palabras como “Juden” o “Fuhrer” con temor, como si por el solo hecho de pronunciarlas pudiera desatar una catástrofe. El Chile ocurrió y sigue ocurriendo algo similar, pues estamos a sólo 30 años de los hechos, digo “sólo” para subrayar la increíble lentitud con la que una sociedad se deshace de estos traumas en los cuales expresión verbal y violencia fisica se confunden. A mi juicio esta confusión surge cuando la instancia que normalmente deberia servir de puente y de distinción : llamemos esta instancia “metáfora” desaparece. No hay metáfora, una palabra puede realmente costar la vida. Entre vida y palabra ya no hay mediación posible, se pasa del uno al otro, como si ambas cosas, lo real y lo simbólico pertenecieran al mismo registro. Si pensamos que Chile es hoy en día uno de las países en que se consume mas calmantes en el mundo nos damos cuenta que esta capacidad de metaforisación está muy lejos de ser recuperada. El calmante, como la represión es una respuesta física ( química ) a un problema psíquico como si entre ambos no existiera distinción.
Otro síntoma de lo que digo es precisamente esta novela, Contretemps, quiero decir el hecho de que esté escrita en francés y no en español, como hubiera sido lógico. Yo dejé mi país a los 17 años y hasta ese entonces no hablaba francés, mi lengua materna es por lo tanto el español y sin embargo cuando surgió en mí la necesidad de escribir, no dudé en hacerlo en francés. ¿Por qué? Hay aquí dos respuestas: una personal, que es menos interesante, y otra social que me interesa más. Si para mí el escribir en francés constituye una elección personal, a nivel de la sociedad chilena esta elección constituye un síntoma. Síntoma de que aún hay algo que no se puede formular, un eslabón que falta en la cadena de la metaforisación, una forma particular de afasia o de auto-censura que aún hoy, después de 16 años de democracia, sigue jugulando la expresión. El francés es en este caso un modo radical de escapar a la auto-censura, una forma de liberación. Que el cambio de idioma juegue este rol en la sociedad chilena no es nuevo, el primer informe sobre los crímenes y torturas cometidos bajo la dictadura de Pinochet fue redactado en inglés. Muchos chilenos supieron por la primera vez lo que estaba sucediendo en su propria tierra gracias a un informe escrito en inglés. Como si la verdad tuviera que disfrazarse con otros sonidos para poder pasar sin peligro la frontera. Frontera que desde hace ya muchos años no está vigilada por un militar con casco y metralleta. Mi pregunta entonces, en tanto que escritor contemporáneo, es : ¿quién es el que vigila ahora esa frontera ?
La respuesta está aquí, en el libro, no en una página en particular ni en un párrafo preciso, el libro en su totalidad constituye una tentativa de respuesta. Los libros siempre están escritos contra algo, escribir es vencer aquello que impide que el libro sea escrito, es por eso que se trata de una actividad tan inconfortable, de una verdadera lucha, cuya victoria no esta en ningún caso garantizada por el hecho de haber puesto la palabra fin.
En mi caso, para poder plantear la pregunta : ¿ que impide que esta historia, la historia del exilio chileno en Europa, sea escrita ? era preciso separar aquello que la represión confunde. Veamos esto con más detalle.
Contretemps pone en relación dos personajes, dos mundos, dos generaciones que al parecer no tienen mucho que ver. Por un lado, está el narrador, que tenía 9 años al momento del golpe de estado y no es, por lo tanto, víctima de la represión militar; y por el otro está Laura, la esposa de un dirigente de izquierda que participa en un foco guerrillero en el sur de Chile y que es perseguido por la DINA. Por ese mismo hecho, la experiencia del exilio de ambos personajes es muy diferente, el narrador viene a Francia para olvidar Chile y su clima asfixiante que según él le ha robado “parte de su juventud”. Laura que no eligió venir y que no se siente a gusto en Francia vive totalmente replegada en sus recuerdos, en ese Chile imaginario que ciertos exiliados recrearon para poder seguir viviendo. Exilio voluntario por un lado, por el otro exilio forzado, deseo de olvidar el pasado por un lado, necesidad de recordarlo para poder seguir existiendo por el otro. La asimetría, la oposición, el contratiempo -en el sentido musical del término- es perfecto.
Pero para mí, lo más importante de esta diferencia no reside ahí, sino en la relación que ambos tienen con la violencia. Como lo decía al comenzar, hay dos tipos de violencia que la represión confunde en un mismo trauma general. La única forma de escapar a la censura que sigue existiendo aún 17 años más tarde es separar estas dos formas de violencia. Estos personajes me lo permiten pues no son victimas del mismo tipo de violencia.
Laura, su marido y de un modo más amplio su generación, se implicaron activamente en la acción política y fueron por eso arrestados y torturados, y si huyeron del país fue porque su integridad física estaba amenazada. La violencia que ellos conocen es antes que nada física. Es diferente para el narrador, ya que la violencia física le es desconocida y la acción política también. La represión política no le concierne y sin embargo sufre, no se siente bien, y su malestar es tal, que decide salir de su país. Pero el mal que lo aqueja es extraño, por lo menos, difícil de definir, y cuando trata de explicarlo a Laura, utiliza imágenes, metáforas, como si lo que lo afectara no tuviera nombre. “En la casa, le cuenta a Laura, mi padre hablaba de crímenes, de torturas, de desapariciones, pero para mí el problema no era ése...” “¿Pero, cuál era tu problema?”, se impacienta Laura. "¡Mi problema era el silencio!” El silencio. Una vez pronunciada, la palabra parece explicarlo todo. El silencio. Esa paz extraordinaria que caracteriza a los regímenes dictatoriales. De manera errónea y sin duda influenciados por los medios, muchos creen que las dictaduras generan un clima de tensión y de violencia permanentes, en circunstancias que lo que se produce es lo contrario: toda oposición es anulada, la violencia está perfectamente camuflada, la vida civil reducida a su más mínima expresión, el ciudadano no percibe más que tranquilidad, orden y silencio. Ese silencio que, según nos dice el narrador, “se parece al sosiego que anuncia la tempestad, una tempestad que nunca se desata, que permanece suspendida sobre nuestras cabezas como una amenaza sin fin”. Amenaza que es aún peor que el castigo efectivo. Es lo que el padre no puede comprender, que el silencio sea peor aún que los crímenes. Absurdo. Toda la novela está construída a partir de esta absurdidad.
A partir de un mismo hecho, el golpe de estado y la represión militar, tenemos entonces dos enfoques, dos reacciones y un conflicto de interpretaciones que es además un conflicto generacional.
Pero este silencio no es el único, existe otro y de otra índole, es el silencio que el narrador percibe cuando por primera vez toma contacto con el círculo de exiliados en París. Estos se reúnen en un restaurante chileno, y el narrador imagina que siendo todos refugiados, hablarán permanentemente de política. Pero no, ni la más mínima palabra, ni siquiera se hace alusión al tema. El narrador pregunta, averigua: silencio absoluto. ¿Por qué? Sólo al final de la novela terminará por comprender. Estamos en el año 1983. La dictadura está ya consolidada, la ilusión de que Pinochet caería mañana ha desaparecido por completo. Por otro lado, la experiencia del socialismo real en los países del Este parece condenada. La caída del muro de Berlín tendrá lugar pocos años después. Muchos se preguntan entonces, para qué sirvieron tantos sacrificios: cárcel, persecución, exilio ¿de que sirvió?
La respuesta es difícil, en lugar de la constatación que se impone, la del fracaso de un cierto proyecto político, la mayoría prefiere el silencio. El silencio les conviene a todos, salvo al narrador. Para él el silencio es la peor amenaza.
El tercer silencio, quizás el mas importante para la recepción de la novela, surge cuando el narrador va a entregarle el libro a Laura, ( el mismo libro que el lector está leyendo ). Entre tanto Laura ha vuelto a Santiago donde ha abierto un restaurant francés. El narrador va al restaurant para entregarle el libro a su personaje principal. Digo “entregar” a propósito, como si el libro tuviera que volver a su punto de emisión. La entrega no tendrá lugar, el libro no será leído, Laura no manifestará el mas mínimo deseo de hacerlo, la historia que este cuenta, la de su exilio en Francia, ya no le interesa. Detrás de esta indiferencia, el narrador percibe algo que no logra definir. Solo siente un malestar, una angustia semejante a la que le provocaba el silencio. La somatisación en aquí un signo, lo verbal se torna una vez mas físico. Poco a poco durante esa noche interminable, noche de soliloquio más que de diálogo, pues Laura está ocupada atendiendo a otros clientes, el narrador descubre contra qué fue escrito el libro. ¿La historia del exilio, Paris, Europa? dice Laura, todo eso está muy lejos, todo eso pertenece al pasado, la verdad está aquí y ahora, lo demás es cuento viejo. Pero nuestro narrador, no lo olvidemos, es experto en silencios y sabe descubrir detrás de esa indiferencia de fachada la censura implícita. El deseo que esa historia no sea escrita y que ese pasado que cuenta quede definitivamente enterrado. ¿Por qué? Laura ha abierto un restaurant francés en Santiago donde se reúnen los antiguos exiliados, como en París se reunían en un restaurant chileno, los afiches de Neruda, de Allende, del Che han sido remplazados en Santiago por vistas de la tour Eiffel, hay algo de ironia en todo esto, como en el simple hecho de abrir un restaurant francés, país que Laura no estaba lejos de detestar. La novela hace aparecer estas contradicciones. La memoria que en otra época permitió a Laura soportar su exilio, se transforma en Santiago en un peligro, la memoria la acusa, el olvido por el contrario la absuelve y le permite abolir las contradicciones. Pero hay mas, contra su voluntad, pero con mucho ímpetu muchos de estos revolucionarios han debido a su regreso a Chile insertarse en el modelo ultraliberal. “Revolucionarios de corazón, dirá el narrador, terriblemente críticos con el sistema y sobre todo feroces en materia de negocios”. La pregunta que al comienzo de la novela muchos de ellos se hacían : ¿de que sirvieron tantos sacrificios? Encuentra aquí su respuesta : de nada, de ahora en adelante vamos a pensar en nosotros y nada mas que en nosotros y tratar de rentabilizar el tiempo perdido. La apertura de un restaurant francés en Santiago no tiende a otra cosa, tratar de transformar lo negativo en positivo, lo que fué un sufrimiento en una fuente de ingreso. Hay un deseo de revancha en todo esto, deseo de revancha que la novela deja al descubierto. La respuesta de Laura es clara : “Silencio !” Como el resto de la sociedad chileno su deseo de ocultar el pasado se viste de indiferencia. El “no digas nada !” se transforma en “lo que digas no me interesa !”. Pero como lo dije hace un rato para el narrador el silencio es lo peor que existe, una violencia aún mas escandalosa que los crímenes, es a partir de esta absurdidad inicial que la novela está escrita. El único reconfort, la única tranquilidad, el único reposo, él lo encontrará fuera del silencio, en la palabra, en la expresión, en la literatura, es por eso que a pesar de todo escribe el libro.
La respuesta es difícil, en lugar de la constatación que se impone, la del fracaso de un cierto proyecto político, la mayoría prefiere el silencio. El silencio les conviene a todos, salvo al narrador. Para él el silencio es la peor amenaza.
El tercer silencio, quizás el mas importante para la recepción de la novela, surge cuando el narrador va a entregarle el libro a Laura, ( el mismo libro que el lector está leyendo ). Entre tanto Laura ha vuelto a Santiago donde ha abierto un restaurant francés. El narrador va al restaurant para entregarle el libro a su personaje principal. Digo “entregar” a propósito, como si el libro tuviera que volver a su punto de emisión. La entrega no tendrá lugar, el libro no será leído, Laura no manifestará el mas mínimo deseo de hacerlo, la historia que este cuenta, la de su exilio en Francia, ya no le interesa. Detrás de esta indiferencia, el narrador percibe algo que no logra definir. Solo siente un malestar, una angustia semejante a la que le provocaba el silencio. La somatisación en aquí un signo, lo verbal se torna una vez mas físico. Poco a poco durante esa noche interminable, noche de soliloquio más que de diálogo, pues Laura está ocupada atendiendo a otros clientes, el narrador descubre contra qué fue escrito el libro. ¿La historia del exilio, Paris, Europa? dice Laura, todo eso está muy lejos, todo eso pertenece al pasado, la verdad está aquí y ahora, lo demás es cuento viejo. Pero nuestro narrador, no lo olvidemos, es experto en silencios y sabe descubrir detrás de esa indiferencia de fachada la censura implícita. El deseo que esa historia no sea escrita y que ese pasado que cuenta quede definitivamente enterrado. ¿Por qué? Laura ha abierto un restaurant francés en Santiago donde se reúnen los antiguos exiliados, como en París se reunían en un restaurant chileno, los afiches de Neruda, de Allende, del Che han sido remplazados en Santiago por vistas de la tour Eiffel, hay algo de ironia en todo esto, como en el simple hecho de abrir un restaurant francés, país que Laura no estaba lejos de detestar. La novela hace aparecer estas contradicciones. La memoria que en otra época permitió a Laura soportar su exilio, se transforma en Santiago en un peligro, la memoria la acusa, el olvido por el contrario la absuelve y le permite abolir las contradicciones. Pero hay mas, contra su voluntad, pero con mucho ímpetu muchos de estos revolucionarios han debido a su regreso a Chile insertarse en el modelo ultraliberal. “Revolucionarios de corazón, dirá el narrador, terriblemente críticos con el sistema y sobre todo feroces en materia de negocios”. La pregunta que al comienzo de la novela muchos de ellos se hacían : ¿de que sirvieron tantos sacrificios? Encuentra aquí su respuesta : de nada, de ahora en adelante vamos a pensar en nosotros y nada mas que en nosotros y tratar de rentabilizar el tiempo perdido. La apertura de un restaurant francés en Santiago no tiende a otra cosa, tratar de transformar lo negativo en positivo, lo que fué un sufrimiento en una fuente de ingreso. Hay un deseo de revancha en todo esto, deseo de revancha que la novela deja al descubierto. La respuesta de Laura es clara : “Silencio !” Como el resto de la sociedad chileno su deseo de ocultar el pasado se viste de indiferencia. El “no digas nada !” se transforma en “lo que digas no me interesa !”. Pero como lo dije hace un rato para el narrador el silencio es lo peor que existe, una violencia aún mas escandalosa que los crímenes, es a partir de esta absurdidad inicial que la novela está escrita. El único reconfort, la única tranquilidad, el único reposo, él lo encontrará fuera del silencio, en la palabra, en la expresión, en la literatura, es por eso que a pesar de todo escribe el libro.

0 Comentario :
Publicar un comentario en la entrada
<< Home