Entrevista
Caroline Verdier: Aunque la acción se ubica varios años más tarde, el momento inaugural de Contretemps parece ser el golpe de estado de 1973. Es en ese momento que la vida de los personajes se trastorna.
Bernardo Toro: El golpe de estado en Chile fue un sismo espantoso, cuya onda de choque afectó por lo menos a tres generaciones. Aunque yo tenía sólo nueve años al momento del golpe, vi el mundo hundirse a mi alrededor, primero brutalmente, luego lentamente y de manera insidiosa. De este juego de masacre nadie salió intacto. Personalmente, yo me quedé siempre con una desconfianza incontrolable hacia el poder, así como con un permanente deseo de clandestinidad, como si toda participación en la vida social “oficial” fuese una forma de entrega. El que este sentimiento sea absurdo no cambia nada al hecho. La violencia del golpe de estado tuvo también como consecuencia un desvelarse de muchas cosas, es decir, fue un momento de verdad. No estoy muy lejos de adherir a la tesis de Freud que sostenía que la sociedad era fruto de un crimen perpetrado en común. Ese crimen lo presenciamos, ocurrió ante nosotros. Los hechos están allí, hoy los conocemos, pero ¿sabemos acaso cómo se vivieron subjetivamente? Es allí que la literatura tiene un rol que cumplir. De un hecho político, la dictadura llegó a ser un hecho social, familiar, individual, no hay dominio que haya escapado a su poder. Lejos de la compartimentación que la racionalidad impone a la experiencia, la novela capta la vida en su conjunto, es decir en su heterogeneidad. La política, los sentimientos, la economía, los conflictos familiares, en la visión subjetiva todo está misteriosamente imbricado. El impudor de la literatura viene no tanto de los secretos que revela, sino de los compartimientos que destruye. La realidad parece de pronto tan extraña, tan irreconocible, desde que se cuenta a partir de la conciencia de un sujeto. Todas las bibliotecas del mundo no podrían agotar la riqueza de uno solo de nuestros días, incluso si ciertos libros pueden hacernos sentir por momentos esta complejidad. Eso es lo que he tratado de hacer: dar una idea de lo que el golpe de estado fue para muchos de nosotros.
Pero su novela trata sobre todo del exilio.
Si, la novela trata del exilio y el exilio a su vez la trata, en el sentido en que está escrita en una lengua de adopción. Por otro lado, no estoy seguro de que se pueda hablar de exilio en singular…
Justamente, Contretemps pone en escena dos personajes en quienes la relación al exilio es totalmente opuesta. Uno, el narrador, quiere integrarse a todo precio a la sociedad francesa, mientras que el otro, Laura, se niega. No es simplemente una cuestión de edad…
La edad cuenta bastante, también el hecho de que el exilio haya sido escogido o impuesto. Pero la asimilación no es el único fin, al extremo opuesto se halla lo que se podría llamar el « fantasma del extranjero ». Laura vive en Francia como extranjera, el narrador quiere permanecer ajeno a la comunidad de los exiliados. Cada cual se ve como extranjero del otro. En esta negación de la pertenencia hay un sueño de independencia, de irresponsabilidad, de autonomía, que esté o no acompañado de la idealización de otro lugar. Los exiliados de retorno a Chile que se sentían ajenos a los males que sacudían la sociedad chilena ilustran bastante bien este proceso. Pero, a mis ojos, quien mejor encarna este fantasma de exterioridad absoluta es el escritor. Incluso cuando su relato es autobiográfico, el autor siempre tendrá la impresión de sobrevolar la escena. La puesta en abismo del relato al final de Contretemps tiende à develar este fantasma. Cuando el narrador recoge el manuscrito que no ha dado a leer a Laura, descubre súbitamente que su libro no solamente es el testimonio de su experiencia, sino también su síntoma. Como Laura, abriendo en Santiago un bar francés, país que estaba no lejos de detestar, el narrador ha escrito Contretemps para rentabilizar una experiencia finalmente bastante negativa. Uno no escapa al síntoma, el exilio es ante todo una experiencia de desdoblamiento, de división.
Hablemos un poco del título. Los personajes de la novela parecen siempre a contratiempo, sobre todo en lo que concierne a la memoria. Uno quiere olvidar cuando el otro trata de acordarse e inversamente. ¿Cómo funciona esta permutación entre memoria y olvido?
Las relaciones entre memoria y olvido son muchas veces tratadas en términos morales, y se habla entonces de deber de memoria, con todo lo que esto comporta de culpabilidad. Pero sabemos que esto funciona de otra manera, ya que la memoria tiene una dimensión traumática y el olvido un efecto reparador. En realidad, cada persona y cada generación tienen su estrategia, que por lo demás cambia con en el tiempo. Lo que en términos de memoria es transmitido y lo que es omitido de una generación a otra, eso es lo que debiera hacernos reflexionar. Como muchos jóvenes de su generación, cuando el narrador sale de Chile, no quiere escuchar más hablar de política. Pero una vez en Francia, el extraño silencio de los exiliados sobre el tema lo empuja a reflexionar. ¿Por qué ese silencio? ¿Qué oculta? La voz de Laura responde a esta expectativa. Se trata de una voz transgresora, una voz de mujer en un medio en el que los valores ideológicos los enarbolan los hombres. El develarse de este secreto tendrá efectos angustiantes, pero también eróticos sobre el narrador.
¿Es por esta razón que "el silencio se encuentra al principio" de esta historia?
De una manera general, la historia de la novela está enmarcada por dos grandes silencios, perfectamente identificables históricamente: principios de los 80 y fines de los 90. Es contra ellos que la novela se alza, y gracias a ellos que ha sido escrita. El primer silencio corresponde al hundimiento de los ideales revolucionarios, cuyo momento culminante será la caída del muro de Berlín; el segundo, sobreviene al momento en que la izquierda debe adherir al proyecto ultra-liberal heredado de Pinochet. Es el fin del libro, un momento social muy duro: Laura y los demás retornados saben que no hay opción, que deben tratar de integrarse al sistema y borrar el pasado. Se trata de un pacto de silencio feroz que afecta la trayectoria de toda una generación. ¿Cómo pasamos de la sociedad progresista y libertaria de los años 70 a la sociedad de ahora? Cualquiera que trata de contar esta historia siente inmediatamente el peso del silencio, que es enorme y está atravesado por una dictadura sangrienta que nos enseñó a callarnos.

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